# La Odisea - Rapsodia Primera

12 min read

Háblame, musa, de aquel varón de multiforme ingenio que, después de destruir la sacra ciudad de Troya, anduvo peregrinando larguísimo tiempo, vio las poblaciones y conoció las costumbres de muchos hombres y padeció en su ánimo gran número de trabajos en su navegación por el ponto, en cuanto procuraba salvar su vida y la vuelta de sus compañeros a la patria. Mas ni aun así pudo librarlos, como deseaba, y todos perecieron por sus propias locuras. ¡Insensatos! Se comieron las vacas del Sol, hijo de Hiperión; el cual no permitió que les llegara el día de regreso. !Oh diosa, hija de Zeus!, cuéntanos aun que no sea más que una parte de tales cosas.

El ponto se refiere a mar, según Wikipedia también se refiere a una zona colindante del mar negro, pero dudo que a eso se refiera.

El Sol, hijo de Hiperión se refiere a Helios, el cual es una personificación de, literalmente, el sol. Hiperión simplemente es un titán hijo de Urano (Cielo) y Gea (Tierra) y cuyo nombre significa “El que camina en las alturas”.

Por cierto, tremendo spoiler de la muerte de tripulación de Odiseo. Homero no se andaba con sutilezas.

Ya en aquel tiempo los que habían podido escapar de una muerte horrorosa estaban en sus hogares, salvos de los peligros de la guerra y del mar; y solamente Odiseo, que tan gran necesidad sentía de restituirse a su patria y ver a su consorte, se hallaba detenido en hueca gruta por Calipso, la ninfa venerada, la divina entre las deidades, que anhelaba tomarlo por esposo. Con el transcurso de los años llegó por fin la época en que los dioses habían decretado que volviese a su patria, a Ítaca, aunque no por eso debía poner fin a sus trabajos, ni siquiera después de juntarse con los suyos. Y todos los dioses le compadecían, a excepción de Poseidón, que permaneció constantemente irritado contra el divinal Odiseo hasta que el héroe no arribó a su tierra.

Más spoilers.

Por lo que entiendo con trabajos, se refiere a alguna tarea o dificultad. Ya sea por mano de los dioses, o situaciones que se dan en las islas que visita.

Mas entonces se había ido aquél al lejano pueblo de los etíopes —los cuales son los postreros de los hombres y forman dos grupos, que habitan respectivamente hacia el ocaso y hacia el orto de Hiperión— para asistir a una hecatombe de toros y corderos. Mientras aquél se deleitaba presenciando el festín, se congregaron las otras deidades en el palacio de Zeus Olímpico. Y fue el primero en hablar el padre de los hombres y de los dioses, porque en su ánimo tenía presente al ilustre Egisto, a quien dio muerte el preclaro Orestes Agamenónida. Acordándose de él, dijo al los inmortales estas palabras:

Según el diccionario, postrero se refiere al último de una serie o sucesión, pero también a algo situado en lo más remoto o lejano. Supongo que se refiere a que están en un lugar muy alejado, en vez de que sean los últimos de los hombres.

Luego está la frase habitan respectivamente hacia el ocaso y hacia el orto de Hiperión, esto se refiere a la concepción griega de los Etíopes. En la Antigua Grecia, el término Etíope se refiere a los pueblos de piel oscura que habitaban en África. Se creía que eran un pueblo bendecido por los dioses y que su tierra se extendía por todo el mundo, por lo que empezaba desde donde nace el sol (el orto de Hiperión) hasta donde se oculta el Sol (ocaso).

El término hecatombe se refiere al sacrificio de animales para los dioses.

Egisto fue un personaje de la mitología griega, el cual reinó Micenas después de asesinar a Agamenón, antiguo rey y héroe de la Ilíada.

El preclaro es una forma de decir famoso o destacado, mientras que Agamenónida se refiere a que es hijo de Agamenón. De esta manera la frase el preclaro Orestes Agamenónida simplemente se puede leer como el famoso Orestes, hijo de Agamenón. Orestes fue quien mató a Egisto, en venganza por la muerte de su padre.

Zeus: ¡Oh Dioses! ¡De qué modo culpan los mortales a los númenes! Dicen que las cosas malas les vienen de nosotros, y son ellos quienes se atraen con sus locuras infortunios no decretados por el destino. Así ocurrió a Egisto, que, oponiéndose a la voluntad del hado casó con la muer legítima del Atrida, y mató a éste cuando tornaba a su patria, no obstante que supo la terrible muerte que padecería luego. Nosotros mismos le habíamos enviado a Hermes, el vigilante Argifontes con el fin de advertirle que no matase a aquél, ni pretendiera a su esposa; pues Orestres Atrida tenía que tomar venganza no bien llegara a la juventud y sintiese el deseo de volver a su tierra. Así se lo declaró Hermes; mas no logró persuadirlo, con ser tan excelente el consejo, y ahora Egisto lo ha pagado todo junto.

El término númenes se refiere a las deidades, pero también a su voluntad o poder.

El término hado se refiere a una fuerza desconocida, que obra irresistiblemente sobre los dioses, los hombres y los sucesos, por lo que su voluntad, se puede entender como la voluntad del destino, en términos modernos.

Atrida se refiere a que es el hijo de Atreo, el padre de Agamenón, lo que en este contexto indica que se refiere al mismo Agamenón.

Argifonte se refiere a que mató a Argos. En la mitología griega, Argos Panoptes era un gigante de cien ojos, a quien Hermes asesinó por orden de Zeus.

Orestes Atrida se puede entender como Orestes hijo de Atreo, sin embargo, Atreo es su abuelo. En la épica griega, el patronómico (estas palabras que indican parentesco) se pueden aplicar también a los decendientes.

Le respondió Atenea, la deidad de los ojos de lechuza:

Atenea. —¡Padre nuestro, cronida, el más excelso de los que imperan! Aquél yace en la tumba por haber padecido una muerte muy justificada. ¡Así perezca quien obre de semejante modo! Pero se me parte el corazón a causa del prudente y desgraciado Odiseo, que, hace ya mucho tiempo, padece penas lejos de los suyos, en una isla azotada por las olas, en e centro del mar; isla poblada de árboles, en la cual tiene su mansión una diosa, la hija del terrible Atlante de aquel que conoce todas las profundidades del ponto y sostiene las grandes columnas que separan la tierra y el cielo. La hija de este dios retiene al infortunado y afligido Odiseo, no cejando en su propósito de embelesarlo con tiernas y seductoras palabras para que olvide a Ítaca, más Odiseo, que está deseoso de ver el humo de su país natal, ya de morir siente anhelos. ¿Y a ti, Zeus Olímpico, no se te conmueve el corazón? ¿No te era grato, Odiseo cuando sacrificaba junto a las naves de los argivos? ¿Por qué así te has airado contra él, Zeus?

Crónida se refiere hijo de Cronos. Cronos fue el padre de Zeus, Hera Poseidón, Demeter, Hestia y Hades, fue el dios más importante en la antigua Grecia antes de ser encerrado en el tártaro por Zeus en el Tártaro junto con los otros titanes.

Atlante se refiere a Atlas el titán al que Zeus condenó cargar sobre sus hombros la bóveda celeste.

El término cejando viene del verbo cejar que se refiere a retroceder o ir hacia atrás, pero también como aflojar o ceder en una negociación o discusión.

Los argivos se refiere a los habitantes de la ciudad de Argos, aunque en este contexto se refiere más a los griegos que participaron en la guerra contra Troya.

Le contestó Zeus, que amontona las nubes:

Zeus. —¡Hija mía! ¡Qué palabras se te escaparon del cerco de los dientes! ¿Cómo quieres que ponga en olvido al divinal Odiseo, que por su inteligencia se señala sobre los demás mortales y siempre ofreció muchos sacrificios a los inmortales dioses que poseen el anchuroso cielo? Pero Poseidón, que ciñe la tierra, le guarda vivo y constante rencor porque cegó al cíclope, al deiforme Polifemo; que es el más fuerte de todos ls cíclopes y nació de la ninfa Toosa, hija de Forcis, que impera en el mar estéril, después que ésta se unió con Poseidón en honda cueva. Desde entonces Poseidón, que sacude la tierra, si bien no intenta matar a Odiseo, hace que vaya errante lejos de su patria. Mas ea, tratemos todos nosotros de la vuelta del mismo y del modo como haya de llegar a su patria; y Poseidón depondrá la cólera, que no le fuera posible, contender solo y contra la voluntad de los dioses, con los inmortales todos.

Le respondió enseguida Atenea, la deidad de los ojos de lechuza:

Atenea. —¡Padre nuestro, cronida, el más excelso de los que imperan! Si les place a los bienaventurados dioses que el prudente Odiseo vuelva a su casa, mandemos en seguida a Hermes, el mensajero Argifontes, a la isla Ogigía; y manifieste cuanto antes a la ninfa de hermosas trenzas la verdadera resolución que hemos tomado sobre la vuelta del paciente Odiseo, para que el héroe se ponga en camino. Yo, en tanto, yéndome a Ítaca, instigaré vivamente a su hijo y le infundiré valor en el pecho para que llame al ágora a los melenudos aqueos y prohíba la entrada en su casa a todos los pretendientes, que de continuo le degüellan muchísimas ovejas y flexípedes bueyes de retorcidos cuernos. Y le llevaré después a Esparta y a la arenosa Pilos para que, preguntando y viendo si puede adquirir noticias de su padre, consiga ganar honrosa fama entre los hombres.

Dicho esto, se calzó los áureos divinos talares que la llevaban, sobre el mar y sobre la tierra inmensa con la rapidez del viento; y asió la lanza fornida, de aguda punta de bronce, pesada, larga, robusta, con que la hija del prepotente padre destruye filas enteras de héroes siempre que contra ellos monta en cólera. Descendió presurosa de la cumbre del Olimpo y, encaminándose al pueblo de Ítaca, se detuvo en el vestíbulo de la morada de Odiseo, en el umbral que precedía al patio: empuñaba la broncínea lanza y había tomado la figura de un extranjero, de Mentes, rey de los tafios. Halló a los soberbios pretendientes, que para recrear el ánimo jugaban a los dados ante la puerta de la casa, sentados sobre cueros de bueyes que ellos mismos habían degollado. Varios heraldos y diligentes servidores les escanciaban vino y agua en las crateras; y otros limpiaban las mesas con esponjas de muchos ojos, las colocaban en su sitio, y trinchaban carne en abundancia.

Fue el primero en advertir la presencia de la diosa el deiforme Telémaco, pues se hallaba en medio de los pretendientes con el corazón apesadumbrado, y tenía el pensamiento fijo en su valeroso padre por si, volviendo, dispersaba a aquéllos por la casa y recuperaba la dignidad real y el dominio de sus riquezas. Tales cosas meditaba, sentado con los pretendientes, cuando vio a Atenea. A la hora fuese derecho a vestíbulo, muy indignado en su corazón de que un huésped tuviese qe esperar tanto tiempo a la puerta, asió por la mano a la diosa, le tomó la broncínea lanza y, hablándole, le dijo estas aladas palabras:

Telémaco. —¡Salve, huésped! Entre nosotros has de recibir amistoso acogimiento. Y después de que hayas comido, nos dirás de que estás necesitado.

Hablando así, empezó a caminar y Palas Atenea le fue siguiendo. Ya entrados en el interior del excelso palacio, Telémaco arrimó la lanza a una alta columna, metiéndola en la pulimentada lancera, donde había muchas lanzas del paciente Odiseo; hizo sentar a la diosa en un sillón, después de tender en el suelo linda alfombra bordada y de colocar el escabel para los pies, y se acercó para sí na labrada silla; poniéndolo todo aparte de los pretendientes para que al huésped no le desplaciera la comida, molestado por el tumulto de aquellos varones soberbios, y él, a su vez, pudiera interrogarle sobre su padre ausente. Una esclava les dio aguamanos, que traía en un magnífico jarro de oro y vertió en la fuente de plata y les puso delante una pulimentada mesa. La veneranda despensera les trajo pan y dejó en la mesa buen número de manjares, obsequiándoles con los que tenía guardados. El trinchante les sirvió platos de carne de todas suertes y colocó a su lado áureas copas. Y un heraldo se acercaba a menudo para escanciarles vino.

Ya en esto, entraron los orgullosos pretendientes. Apenas se hubieron sentado por orden en sillas y sillones, los heraldos les dieron aguamanos, las esclavas amontonaron el pan en los canastillos, los mancebos coronaron de bebidas las crateras, y todos los comensales echaron mano a las viandas que les habían servido. Satisfechas las ganas de comer y beber, les ocuparon el pensamiento de otras cosas: el canto y el baile, que son los ornamentos del convite. Un heraldo puso la bellísima citara en las manos de Fermio a quien obligaban a cantar ante los pretendientes. Y mientras Fermio comenzaba al son de la cítara un hermoso canto, Telémaco dijo estas razones a Atenea la de los ojos de lechuza, después de aproximar su cabeza a la deidad para que los demás no se enteraran:

Telémaco. —¡Caro huésped! ¿Te enojarás conmigo por lo que voy a decirte? Éstos sólo se ocupan de cosas tales como la cítara y el canto; y nada les cuesta, pues devoran impunemente la hacienda de otro, la de un varón cuyos blanco huesos se pudren en el continente por la acción de la lluvia o los revuelven las olas en el seno del mar. Si le vieran regresar a Ítaca, todos preferirían tener los pies ligeros a ser ricos de oro y vestidos. Mas aquél ya murió, a causa de su aciago destino, y ninguna esperanza nos resta, aunque alguno de los hombres terrestres afirme que aun ha de volver: el día de su regreso no amanecerá jamás. Pero, ea, habla y responde sinceramente: ¿Quién eres y de qué país procedes? ¿Dónde se hallan tu ciudad y tus padres? ¿En qué linaje de embarcación llegaste? ¿Cómo los marineros te trajeron a Ítaca? ¿Quiénes se precian de ser? Pues no me figuro que hallas venido andando. Dime también la verdad de esto para que me entere: ¿Vienes ahora por vez primera o has sido huésped de mi padre? Que son muchos los que conocen nuestra casa, por que Odiseo acostumbraba visitar a los demás hombres.

My avatar

Thanks for reading.


More Posts

Comments